Luis XIV encargó al conocido André Le Nôtre, experto en botánica, arquitectura y pintura, la planificación de los jardines. El experto demoró casi diez años en concluir su obra (1660-1670), ya que el Rey Sol cambiaba caprichosamente las premisas para el diseño.
La planificación de Le Nôtre estaba regida por la razón.
Le Nôtre como hijo de jardinero real, cuidaba todos los detalles, y los ajustaba al milímetro para evitar errores de configuración.
Los terrenos originales eran pantanosos, asentados en una estrecha colina, pero el paisajista lo resolvió exitosamente.
El paisajista es autor de otras obras de gran importancia como los jardines de Vaux-le-Vicomte (1656-1661), los de Fontainebleau (1662-1687), los jardines de Chantilly (1663-1688), los de Saint-Cloud (1665-1678) y los jardines de Clagny (1674-1676).
Características del jardín francés:
La planificación de los espacios verdes es característica de la Francia del siglo XVIII. El típico jardín francés es majestuoso y sistematizado por ciertos tópicos, elementos destacables que se mantienen aún hoy. El cumplimiento de una serie de normas básicas como la geometría, la imposición de la geometría, el empleo del agua, o la novedosa forma en que se moldean los arbustos.
El reinado de Luis XIV, el Rey Sol, se caracterizó por las demostraciones de poderío, el cual se vio reflejado en la concepción paisajística. Regidos por un eje central cartesiano, los jardines de la época se extendían hasta adquirir escalas monumentales. La búsqueda de la perfección simétrica estaba guardada por tilos, robles, álamos, fresnos, cerezos, hayas. El eje de simetría sirve para acentuar la perspectiva que comienza en el palacio y se extiende hasta el horizonte.
El agua sirve para reflejar sirve para reflejar la majestuosidad de la vegetación, a través de un sistema de canales, estanques y fuentes. Hay profusión de estatuas heredadas del estilo italiano. Una de las características más exóticas está en el jardín de pavos que se pasean libremente.
También disponen de espacios reservados al esparcimiento de la clase noble, donde podían gozar de la paz y serenidad que faltaba en la gran París, de la cual el rey quiso huir trasladando su corte al palacio de Versailles.